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jueves, 23 de abril de 2015

363.- DESCANSAREMOS, Aunque nunca nos cansemos de Chéjov



"Revolution" (Beatles Cover) Stone Temple Pilots

Otra de las implacables críticas teatrales ¡A Todo Color! de “EL PIRATA Fanzine

Hoy:
DESCANSAREMOS
(Revisión a lo “modelno” y “descarnao” de la obra “Tio Vania” de Antón Chéjov)

VERSIÓN de Jesús Laiz / DIRECTOR José Bornás 

SINOPSIS: Chéjov en estado puro: Una panda submoscovitas nos cuentan sus miserias ahogadas en vodka y sus crisis existenciales. Hasta aquí nada nuevo: Gran texto y magníficas interpretaciones. La sorpresa viene cuando alguien pasea por la sala dándole al manubrio de una vieja cajita de música.





Tras unas cuantas décadas alineado, alienado (o como se diga) con contracultura basura americana aliñada de testosterona superheróica, decido aceptar una invitación para ir al teatro y darme una somera duchita de intelectualidad. Algo así como ir al Spá un día y pretender curarse las lesiones de toda una vida. ¡Iluso de mí!
Entramos en el curioso local “NAVE 73” (que hace referencia en su nombre al tipo de edificio y al aforo) y nada más sentarme constato que el título de la obra no es un presagio para lo que le espera a mi culo si permanece sentado un buen rato en esa grada cutre de andamio de obra. Miro bajo el asiento y descubro un flotador de patito hinchado… ¡La cagamos, tía Vania! A ver si esto va a ser una performance de esas más raras que un perro verde, que hacen interactuar a los espectadores y te van dando sustos a lo “La Fura dels Baus”… ¡Ah, no! Yo no me pongo el flotador de patito en la cabeza se pongan como se pongan.

Mientras esperamos el comienzo de la función me entretengo en leer la reseña del folleto de presentación:

Concurso de acreedores, castigo de los mercados, bonos basura, activos tóxicos, cinco millones y medio de parados, disfrute hoy y pague mañana. Santa Ángela Merkel no nos aprietes más, ya no nos queda nada que darte. ¿Dación en pago? Si sale cara sí, si no, entrega tu casa y sigues debiendo 100.000 euros. Y la luz más cara que nunca y tu amigo que te falla y VANIA que se cae, que se hunde, que no puede ser rescatado como Bankia, abrumado por un vacío que le come por dentro, que no le deja disfrutar de lo que tiene porque siempre será poco, porque siempre será una mierda después de haberle visto las tripas al juguete. Flores marchitas, rosas de otoño, castillo de naipes que se derrumba a diario y se vuelve a poner en pie porque es lo que necesitamos: creer en algo y en alguien, porque mientras estamos sentados pensando en cómo llegar a fin de mes, hay cuatro listos contando billetes. Mientras te roban los sueños hay unos pocos que viven los suyos y los tuyos. Mientras VANIA, presa de la desesperación, coge una pistola, desaparecen 3.000 puestos de trabajo.

¡Ondia! – pienso – o la obra es una especie de mitin contra el poder establecido, o han aprovechado el programa para escribir un panfleto. Ahora entiendo el título… Primero fue PODEMOS, luego GANEMOS… y ahora “DESCANSAREMOS”
O sea, que VANIA coge una pistola… ¡Qué fuerte! – sigo pensando – espero que no me hayan contado el final o desvelado alguna sorpresa.

Empieza el show; coloco el bullate de cincuentas formas de grey, contractura lumbar; Gracias a Manitú, el flotador era para otra obra, más infantil que esta; termina el show. Ahí va la crítica:



Descansaremos”, de la compañía “APATA Teatro”, es la refrescante revisión de un clásico de clásicos en el mundo del Teatro: “Tío Vania” de Anton Chéjov.  Con una puesta en escena rompedora, está brillantemente interpretada por José Luis Santos, que encarna a un acabado profesor Alexander; Marta Nieto, una Elena imponente en todos los sentidos; José Luis Patiño, un Tío Vania un tanto tarantiniano, pelín achispado y violento, pero muy bien actualizado; Marina Andina, que carga sobre sus espaldas con tres papeles en uno y da vida con naturalidad y solvencia a una María Vasílievna perfectamente fusionada con la nodriza; Jorge Cabrera, un doctor Astrov con un magnífico toque cínico; y por último Delia Vime, gratísima sorpresa en una perfecta recreación de Sonia, la acomplejada hija del profesor. La actriz consigue dotar al personaje de una calidez y cercanía maravillosos, y además tiene un pelazo precioso.


Elena está buena ¡Y lo sabe! Desperdicia su juventud pasando de puntillas sobre las babas de sus admiradores.

La resignación y paciencia hechas personaje. Un rol que destila belleza por todos los poros. 

Marina / María es la encargada de la vajilla y el juego de té de la casa solariega. Su presencia llena la escena y pone el
contrapunto de sosiego entre tanto desequilibrado al borde de la terapia.

Ete Tío Vania está para una ducha de ansiolíticos.

Cabrera, el matasanos rural, poniendo morritos a la maciza de Elena Andréievna. Ni con esas.

El profesor pasa del médico como de pisar mierdas. Últimamente, viendo como funciona el sistema sanitario, yo también.


El profundo vacío vital de los personajes se ve también reflejado en la escenografía: Un triste tenderete hecho con hierros forrados de tela, cuatro sillas y la protagonista absoluta: una camaleónica mesa plegable y desmontable de IKEA, que adopta mil y una formas y tamaños, y que sirve de nexo de unión entre escenas y actos, al igual que la inmortal música de Lennon y Mc Artney que cantan los actores y actrices.
Se agradece que la función esté amenizada por canciones de Los Beatles y no, por poner un ejemplo, con temas de Melendi, cosa esta que hubiera sido tremendamente más transgresora, pero que hubiera ido en detrimento de la calidad del montaje final.

Y es que dar un espectáculo teatral de calidad con cuatro duros y tres balas de fogueo es complicado. Pero a veces sale bien. Como es el caso de este imaginativo y curioso montaje. La espectacularidad de este espectáculo en concreto, válgannos las redundancias, reside esencialmente en una brillantísima interpretación de todo el elenco y en menor medida, en varias minas diseminadas estratégicamente a lo largo de la representación.


Elena se aburre. En secreto, solo anhela jugar a los médicos con Astrov.

No me preguntes porqué, pero a pesar de tan valiente y arriesgada propuesta escenográfica, la función funciona. Los furibundos exabruptos del montaje encajan a la perfección y hasta potencian la carga trágica del argumento. 

Está todo hecho y dicho de cara al espectador, a pecho descubierto… Bueno, no… Miento. Todo menos cuando la hermosa Elena se enfrenta a su tullido marido y, abriéndose la bata, a pecho descubierto, le pregunta: “¿Es esto lo que quieres? ¿Ein? ¿Es esto, jodío viejo verde?”
Pues eso, que por mucho que me esfuerce, no logro encontrar una pregunta más tonta y con una respuesta más obvia.

Pero no nos dejemos engañar por los fuegos de artificio. Al margen de "moderneces" o intentos de originalidad a la hora de presentarnos el plato, el perejil solo es aderezo. Los amantes del teatro pueden aquí solazarse y deleitarse con la interpretación pura y dura. La recreación de los personajes de Chéjov por parte de estos seis intérpretes es sencillamente magnífica, creíble, auténtica. Muy recomendable.

La compañía APATA ha llevado a cabo varios interesantes proyectos tales como
Tito Andrónico, ¡Ay Carmela! "Las Flores de Don Juan" o So Happy Together.

Vuelvo a leer el panfleto que me han dado en la entrada… Aunque el que lo ha escrito se empeñe en establecer paralelismos entre las egoístas crisis vitales de una panda de depresivos rusos en plan “No puedo con la vida, dame otro chupito vodka” y la crisis económica y de valores que nos carcome actualmente, yo no acabo de verlo. Si la pistola en la sien de Alexandr Vladímirovich Serebriakov representa la pistola de un pueblo harto en la sien de un Sistema corrompido y corruptor, pues vale, pues puede colar. Tomemos pues el texto del dramaturgo como una metáfora de nuestra actual frustración, aburridos del tedio vital, sin motivación, cansados de luchar contra molinos de viento y los poderosos dueños del planeta. Contentándonos con mantener nuestra única motivación: Estar todos enamorados, o creer estarlo, de la joven y hermosa esposa del profesor y esperar que algún día nos corresponda.

La obra no hace concesiones, no hay distracción posible. Todo está sobre las espaldas de los actores y actrices. 


Sinceramente, a mí y a los estupendos personajes de Chéjov nos parece genial tan loable intento de sensibilización social, pero en realidad solo nos interesa curar las heridas provocadas por la vida, llenar el páramo de nuestros resecos y egoístas corazones con grandes dosis de pasión y un poquito de amor… Por eso la buena de Sonia se conformaría con unas gotas de cariño por parte del Doctor… Y por eso el tío Vania, el viejo profesor, el propio doctor, un servidor y millones de almas solitarias deseamos a Elena. Como dice la estupenda canción de los chicos de Liverpool: Todo lo que necesitamos es amor.


"All you need is LoveCK Gospel Choir


Y ahora sí, después de un buen rato disfrutando del teatro en estado puro y sufriendo en silencio la “butaca” del teatro Nave 73, buscaremos un lugar para amar y soñar este fin de semana, un lugar donde los calamares encebollados estén de vicio, y ya con el alma y el estómago bien alimentados, descansaremos. 




Pirata 2015, critico teatral amateur

domingo, 1 de junio de 2014

316.- Antón Chéjov: "EL VENGADOR" (1887)


Otro episodio de la apasionante serie: "Cómo acabar de una puta vez con…
HOY, de nuevo:
 "La Violencia Machista de Género (tonto)"

El Vengador 
(1887)
Antón Chéjov

    Inmediatamente después de haber sorprendido a su mujer en flagrante delito, encontrábase Fíodor Fiódorovich Sigáev en el almacén de armas de Schmuks & Company Ltd. eligiendo el revólver adecuado. Su rostro expresaba ira, dolor y una firmeza irrevocable.
- Sé lo que tengo que hacer - pensaba -  Cuando son profanados los fundamentos de la familia y el honor es pisoteado en el barro y triunfa el vicio..., yo, como ciudadano y como hombre honrado, debo ser el vengador. La mataré primero a ella, luego a su amante y después me mataré yo.
    No había escogido aun el revólver ni matado a nadie, cuando ya empezaba su imaginación a dibujarle tres cadáveres ensangrentados con los cráneos triturados y los sesos fluyendo... Barullo, tropeles de curiosos y autopsias. Con la insana alegría del hombre ofendido, imaginaba el horror de los parientes y del público, la agonía de la traidora, y hasta le parecía leer ya con el pensamiento los artículos de primera plana comentando la descomposición de los fundamentos de la familia.



    El dependiente del almacén, un tipo inquieto, afrancesado, de pequeño vientre y chaleco blanco, presentaba ante él los revólveres, y haciendo chocar los talones, decía sonriendo respetuosamente:
-Yo aconsejaría a monsieur que llevara este magnífico modelo del sistema Smith y Wesson. Es la última palabra en la ciencia de las armas. Tiene tres propulsiones y extractor y se puede disparar desde seiscientos pasos. Llamo también la atención de monsieur sobre la limpieza de su acabado. Su sistema es el que está más de moda. Vendemos diariamente decenas de ellos, que se utilizan contra los bandidos, los lobos y los amantes. Su tiro es preciso y fuerte; alcanza grandes distancias y mata, atravesándolos, a la mujer y al amante. En cuanto a los suicidas, monsieur, no conozco para ellos mejor sistema.



    Y el dependiente, apretando y soltando el gatillo, echándole el aliento al cañón y apuntando, simulaba sofocarse de puro entusiasmo. A juzgar por la expresión admirada de su rostro, se sentiría uno dispuesto a pensar que él mismo, de buen grado, se hubiera pegado un tiro en la frente si hubiera poseído un revólver de tan maravilloso sistema como el Smith y Wesson.
- ¿Y qué precio tiene? - preguntó Sigáev.
- Cuarenta y cinco rublos, monsieur.
- ¡Hum!... ¡Es demasiado caro para mí!
- En tal caso, monsieur, puedo ofrecerle otro sistema más barato. Aquí está. Tenga la bondad de examinarlo. Tenemos un surtido enorme en distintos precios...Este revólver, por ejemplo, del sistema Lefauché que vale solamente dieciocho rublos; pero... - el dependiente hizo una mueca de desprecio - es un sistema, monsieur... ¡demasiado anticuado! Sólo lo compran ahora los pobres de espíritu y los psicópatas. Matarse o matar a la mujer con un Lefauché se considera ahora signo de mal tono... El buen tono admite únicamente el Smith y Wesson.



- No tengo necesidad de matarme ni de matar a nadie - mintió con acento sombrío Sigáev -. Lo compro sencillamente para tenerlo en el campo... Para asustar a los ladrones.
- A nosotros no nos concierne para qué lo compra el caballero - sonrió el dependiente bajando modestamente los ojos - Si en cada caso fuéramos a buscar los motivos, tendríamos que haber cerrado la tienda. Para asustar a los cuervos, monsieur, el Lefauché no sirve, porque hace un ruido sordo y a la vez fuerte. Yo le propondría que llevara una pistola "Mortimer" corriente de las llamadas "para duelos".
- ¿Y si le retara a duelo? - pasó por la cabeza de Sigáev - Pero no... Sería demasiado honor para él... A estas alimañas hay que matarlas como a perros.
    El dependiente, dando graciosas vueltas y pequeños pasos y sin dejar de sonreír y de charlar, expuso ante él todo un montón de revólveres. El Smith y Wesson era el de aspecto más codiciable y sólido. Sigáev tomó uno de estos entre sus manos, fijó la mirada en él y se quedó ensimismado. Su imaginación le presentaba a sí mismo destrozando un cráneo, fluyendo sangre cual un río sobre el tapiz y el parqué, y a la traidora, moribunda, agitando un pie convulsivamente... Pero para su alma indignada esto era poco. Las escenas de sangre, los sollozos, el espanto, no le satisfacían; había que pensar en algo más terrible.



- Esto es lo que haré - pensó - Le mataré y me mataré; pero a ella..., a ella la dejaré vivir. ¡Que muera de remordimiento y con el desprecio de cuantos la rodean! Esto, para una naturaleza nerviosa como la suya, será un martirio mayor aún que la muerte.
    Y comenzó a imaginar su propio entierro. El ofendido tendido en el ataúd, con una sonrisa bondadosa en los labios... Ella, pálida, torturada por el remordimiento, caminando tras el féretro, como una Níobe y no sabiendo cómo ocultarse a las miradas despreciativas y aniquiladoras que sobre ella arroja una muchedumbre indignada...
- Veo, monsieur, que le gusta el Smith y Wesson -dijo el dependiente, interrumpiéndole en su ensueño - Si lo encuentra caro, le rebajaría cinco rublos, aunque tenemos otros sistemas más baratos.
    La figurilla afrancesada giró graciosamente y cogió de la estantería una nueva decena de estuches con revólveres.
- He aquí otro, monsieur. Su precio es de treinta rublos. No es caro si se tiene en cuenta que el cambio ha bajado terriblemente y que los derechos de aduanas suben cada día más... Le juro, monsieur, que soy conservador; sin embargo, ya empiezo a protestar. ¡Calcule que el cambio y la tarifa de aduanas son la causa de que ahora sólo los ricos puedan adquirir armas! Para los pobres no quedan más que las armas de Tula y los fósforos. ¡Y las armas de Tula son una desdicha! Pretende uno disparar un arma de Tula sobre su mujer y sólo consigue hacer blanco en la propia paletilla...



    Sigáev experimentó de pronto un sentimiento ofensivo y triste ante la idea de morir él y no ver los sufrimientos de la traidora. Sólo es dulce la venganza cuando existe la posibilidad de ver y tocar sus frutos. Pues ¿y qué sentido tendría el que él estuviese tendido en el ataúd sin darse cuenta de nada?
- ¿Y si hiciera esto?... Matarle a él, ir a su entierro, verlo todo y matarme yo después... Sí; pero... antes del entierro me meterían preso y me quitarían el arma... Bien... Lo que haré será matarle y dejar que ella siga viviendo. Y, hasta que pase cierto tiempo, no me mataré; iré a la cárcel. Para matarme siempre estoy a tiempo. El estar arrestado es todavía mejor, porque así, al prestar declaración, tendré la posibilidad de demostrar ante el poder y ante la sociedad toda la bajeza de su comportamiento. Si me matara, ella, con su carácter embustero, engañoso y desvergonzado, me echaría la culpa de todo, y la sociedad la absolvería de su hecho...; pero, por otra parte, quizá se ría de mí si sigo con vida... Entonces...
    Un minuto después pensaba:
- Sí... Tal vez me acusen de mezquindad de sentimientos si me mato... Y, además..., ¿para qué matarme? Esto, en primer lugar. En segundo..., matarme significa cobardía. Luego, entonces, lo que haré será matarle a él, dejarla vivir a ella e ir yo a la cárcel. Me juzgarán y ella figurará como testigo... ¡Habrá que ver su azaramiento, su vergüenza cuando tenga que prestar declaración ante mi abogado! ¡Por supuesto, las simpatías del tribunal, del público y de la Prensa estarán de mi lado...!
    Mientra así cavilaba, el dependiente continuaba exponiendo su mercancía y consideraba deber suyo entretener al comprador.
- Vea aquí otros, ingleses de nuevo sistema, que hemos recibido hace poco. Pero le prevengo, monsieur, que todos los sistemas palidecen ante el Smith y Wesson. Seguramente habrá usted leído uno de estos días que un militar que había comprado en nuestra casa un revólver del sistema Smith y Wesson, disparó sobre el amante... ¿Y qué se figura usted que pasó?... La bala atravesó primero el amante, alcanzó después la lámpara de bronce, luego el piano de cola y desde el piano de cola, de una carambola, mató a un pequinés y rozó a la mujer... El efecto fue brillante y hacía honor a nuestra firma. El militar está ahora arrestado... ¡Seguramente le condenarán a trabajos forzados!... En primer lugar, porque tenemos leyes muy anticuadas, y, en segundo, porque ya se sabe que el tribunal toma siempre partido por el amante. ¿Por qué?... Muy sencillo, monsieur: porque también el jurado, los jueces, el procurador y el defensor se entienden con esposas ajenas, y es más tranquilo para ellos que en Rusia haya un marido menos. A la sociedad le encantaría que el Gobierno desterrara a todos los maridos a la isla Sajalín. ¡Ay, monsieur! ¡No puede imaginarse usted la indignación que despierta en mí este derrumbamiento de las costumbres morales contemporáneas!... ¡En estos tiempos, amar a las esposas ajenas agrada tanto como fumar cigarrillos ajenos y leer libros ajenos! Año por año nuestro comercio decae, pero ello no significa que haya menos amantes..., significa que los maridos llegan a reconciliarse con su situación y tienen miedo a los trabajos forzados - y el dependiente, mirando a su alrededor, murmuró: -  ¿Y quien es el responsable, monsieur?...¡El Gobierno!
- ¡Por culpa de un cerdo ir a parar a Sajalín... no, tampoco es sensato! - reflexionó Sigáev - Si me mandan a trabajos forzados, sólo conseguiré dar a mi mujer la posibilidad de casarse otra vez y de engañar a su segundo marido. ¡La que entonces saldrá triunfante será ella!... No. Lo que haré entonces es esto: dejarla vivir, no matarme ni matarle a él. Hay que idear algo más cuerdo y sentimental. Los castigaré con mi desprecio, y entablaré un escandaloso proceso de divorcio...
- Aquí tiene, monsieur, un nuevo sistema - dijo el dependiente cogiendo de la estantería una docena más de revólveres - Llamo su atención sobre el original mecanismo del cierre...



    Pero una vez tomada aquella decisión, Sigáev ya no necesitaba revólver; en cambio, el dependiente, cada vez más inspirado, no cesaba de exponer ante él sus artículos de venta. El agraviado marido comenzó a avergonzarse de que por su culpa el dependiente estuviera trabajando en vano, entusiasmándose y perdiendo el tiempo.
- Bien... - masculló - Lo mejor será que vuelva más tarde o que envíe a alguien...
    Aunque no veía la expresión del rostro del dependiente, comprendió, sin embargo, que para suavizar un poco la violencia de la situación no había más remedio que comprar algo. Pero ¿qué?... Sus ojos recorrieron las paredes de la tienda en busca de alguna cosa más barata, y se detuvieron en una red de color verde colgada junto a la puerta.
- ¿Y eso?... ¿Qué es eso? - preguntó.
- Es una red para cazar codornices.
- ¿Y qué precio tiene?
- Ocho rublos, monsieur.
- Pues envuélvamela...
    El marido ofendido pagó los ocho rublos, cogió la red, y cada vez más ofendido, salió de la tienda.


Antón Chéjov 

lunes, 23 de diciembre de 2013

243.- El Signo de Exclamación. Cuento de Navidad. Antón Chéjov


"Ey Ras poshol" Ensemble Wolga

    En la víspera de Navidad Efim Fomich Perekladin, consejero colegiado, se fue a la cama ofendido e incluso agraviado.
- ¡Déjame en paz, fuerza maligna! - le gritó con furia a su esposa cuando esta le preguntó por qué andaba tan sombrío.
    Ocurría que acababa de estar de visita en una casa en la que se dijeron muchas cosas desagradables y ofensivas para él. Primero hablaron del provecho de la educación en general, pero después pasaron inadvertidamente al grado de instrucción de los funcionarios, expresando muchas quejas, reproches y hasta burlas con respecto a su bajo nivel. Y en ese punto, como suele suceder en todas las tertulias rusas, de los temas generales pasaron a los personales.
- Sin ir más lejos, tomemos su ejemplo, Efim Fomich - se dirigió a Perekladin un joven - Usted ocupa un puesto bastante bueno, pero ¿qué formación recibió?
- Ninguna, señor. Pero la formación no es un requisito para nosotros - respondió Perekladin con suavidad - Solo tienes que escribir bien y listo…
- Pero ¿dónde aprendió usted a escribir bien?
- Me acostumbré, señor… Tras cuarenta años de servicio uno adquiere destreza… Por supuesto, al principio fue difícil, cometía errores, pero después me acostumbré… y ya está…
- ¿Y los signos de puntuación?
- Y los signos de puntuación también… Los coloco bien.
- ¡Hum!... - se turbó el joven - Pero la costumbre no tiene nada que ver con la formación. No es suficiente con poner bien los signos de puntuación… ¡No es suficiente! ¡Hay que colocarlos a sabiendas! Usted coloca una coma y debe saber por qué lo hace… ¡Así es! Y esa ortografía inconsciente y refleja de usted no vale nada. Es producción mecánica y nada más.
    Perekladin guardó silencio e incluso sonrió con dulzura (el joven era hijo de un consejero de estado y tenía derecho al rango de secretario colegiado), pero ahora, al acostarse, era todo indignación y furia.
- He trabajado cuarenta años - pensaba - y nadie en ese tiempo me ha llamado tonto a la cara, y de repente… ¡Toma! ¡Menudas críticas recibí! ¡Inconsciente! ¡Refleja! ¡Producción mecánica!... ¡Anda y vete a la mierda! ¡Si hasta es posible que yo entienda más que tú, aunque no haya ido a esas universidades tuyas!
    Luego de dirigir mentalmente al crítico todos los insultos que conocía y de entrar en calor bajo la manta, Perekladin comenzó a tranquilizarse.
- Claro que sé… Yo entiendo… - pensó mientras se dormía - Si no pongo dos puntos donde es necesaria una coma quiere decir que comprendo, que entiendo. Sí, así es, joven, primero hay que vivir y trabajar, y después juzgar a tus mayores.
    Perekladin conciliaba el sueño y en sus ojos cerrados, atravesando una masa de nubarrones sonrientes, pasó volando como un meteoro una coma de fuego. Tras ella siguió otra, y una tercera, y pronto todo el iluminado fondo negro que se desplegaba ante su imaginación se cubrió de densas masas de comas voladoras…
- Sin ir más lejos, tomemos estas comas… - pensó Perekladin, sintiendo que sus miembros caían en el dulce entumecimiento del sueño - …las distingo perfectamente… A cada una puedo encontrarle su lugar si quiero… y a sabiendas, no como venga… Hazme un examen y ya verás… Las comas se colocan en diferentes lugares, donde hacen falta y donde no. Cuanto más embrollado sale el documento, más comas hacen falta. Se colocan delante de "el cual" y de "es decir". Si en el documento se enumeran funcionarios, hay que separarlos con comas… ¡Lo sé!
    Las doradas comas empezaron a dar vueltas y se alejaron. En su lugar aparecieron puntos de fuego…
-Y el punto se pone al final del documento… Cuando hay que dar una pausa grande y mirar al interlocutor también se pone un punto. Al final de todos los pasajes largos hay que colocar un punto para que el secretario, al leer, no se babee. Y no se ponen en ningún lugar más…
    De nuevo aparecen las comas… Se mezclan con los puntos, giran… y Perekladin ve toda una multitud de "puntos y comas", y de "dos puntos"…
- Estos también me los sé… - piensa - …donde hay pocas comas y muchos puntos hay que poner un punto y coma. Antes de "sin embargo" y de "por consiguiente" siempre pongo un punto y coma… Y a ver, ¿los dos puntos? Los dos puntos se colocan después de las palabras "Resuleven", "disponen"…
    Los "punto y coma" y los "dos puntos" desaparecieron, arribó entonces una fila de signos de interrogación. Estos brotaron de las nubes y empezaron a bailar el can-can…
- ¡Vaya una cosa el signo de interrogación! Aunque fueran mil sabría encontrarles su lugar. Se ponen siempre cuando hay que hacer una solicitud o, supongamos, pedir algún informe… "¿Adónde fue asignado el saldo correspondiente a tal año?" O "¿Considera la Jefatura de Policía que es posible atender a la susodicha Ivanova y etcétera?"
    Los signos de interrogación inclinaron sus ganchos en señal de aprobación y en el acto, como siguiendo una orden, se estiraron y formaron signos de exclamación…
- ¡Hum!... Este signo de puntuación a menudo se coloca en las cartas. "¡Muy señor mío!" o "¡Su Excelencia, padre y benefactor!"… Pero en los documentos ¿Cuándo?
    Los signos de exclamación se estiraron aún más y quedaron expectantes…
- En los documentos se colocan cuando… mmm… eso… ¿Cómo es? En efecto… ¿Cuándo se ponen en los documentos? Espera… No me acuerdo… ¡Hum!
    Perekladin abrió los ojos y se volvió sobre su otro costado. Pero no hizo más que cerrar los ojos cuando sobre el fondo negro otra vez aparecieron los signos de exclamación.
- ¡Qué se los lleve el Diablo!... ¿Cuándo hay que ponerlos? - pensó, intentando expulsar de su imaginación a esos huéspedes no invitados - ¿Acaso lo he olvidado? O me he olvidado o… nunca los he puesto…
    Perekladin empezó a recordar el contenido de todos los documentos que había firmado en sus cuarenta años de servicio; pero por más que pensara, por más que frunciera el ceño, en su pasado no encontró ni un solo signo de exclamación.
- ¡Qué chasco! Cuarenta años escribiendo y nunca he puesto un signo de exclamación… ¡Hum! Pero ¿Cuándo se coloca este demonio estirado?


    Por detrás de los signos de exclamación de fuego apareció el morro mortificador y burlón del joven crítico. Los propios signos se sonrieron y se fundieron en un gran signo de exclamación.
    Perekladin sacudió la cabeza y abrió los ojos.
- ¡Que demonios! - pensó - Mañana tengo que levantarme para la misa de maitines y esta alucinación diabólica no se me va de la cabeza… ¡Puf! ¡Así no dormiré en toda la noche!... ¡Marfusha! - gritó dirigiéndose a su esposa, que solía jactarse de que había terminado el instituto - ¿Tú sabes, cariño, cuándo se coloca el signo de exclamación en los documentos?
- ¡Estaría bueno no saberlo! No en vano estudié siete años en el instituto. Me sé toda la gramática de memoria. Este signo se coloca en los saludos, exclamaciones y en las expresiones de entusiasmo, indignación, alegría, ira y otros sentimientos.
- ¡Ah! - pensó Perekladin - entusiasmo, indignación, ira y otros sentimientos.
    El secretario colegiado quedó pensativo. Se había pasado cuarenta años escribiendo documentos, redactando decenas de miles de ellos, pero no recordaba ni una sola línea que expresara entusiasmo, indignación o algo por el estilo.
- Y otros sentimientos… - pensó - ¿Pero acaso hacen falta sentimientos en los documentos? Si hasta un insensible puede escribirlos.
    El morro del joven crítico se asomó otra vez por detrás del signo de fuego con su sonrisa mortificadora. Perekladin se incorporó y se sentó en la cama. Le dolía la cabeza, y por la frente le corrió un sudor frío… En el rincón ardía suave y débilmente la lamparilla, los muebles lucían magníficos, limpios, en todo se sentía la calidez y la presencia de una mano femenina, pero el pobre burócrata tenía frío y se sentía molesto como si hubiera enfermado de tifus. El signo de exclamación flotaba ya no en sus ojos cerrados, sino ante él, en la habitación, junto al tocador de su mujer, y le hacía guiños burlones…
- ¡Máquina de escribir! ¡Máquina! - le susurraba el espectro, soplando sobre el funcionario un frío seco - ¡Pedazo de madera insensible!


    El funcionario se cubrió con la manta, pero también allí abajo vio el espectro; pegó el rostro contra el hombro de su mujer y por detrás de este asomaba lo mismo… Toda la noche padeció el pobre Perekladin, pero de día tampoco lo abandonó la aparición. La veía en todas partes; en las botas que llevaba, en el platito del té, en la Orden de Stanislaw…
- Y otros sentimientos - pensaba - Es verdad que no ha habido sentimiento alguno… Ahora voy a casa del jefe a firmar, pero ¿acaso eso se hace con sentimiento? Uno firma así, sin más, como una máquina de felicitar…
    Cuando Perekladin salió a la calle y llamó a un cochero, le pareció que en lugar de este era un signo de exclamación quien conducía el coche. 
    Al llegar al recibidor de la casa del jefe vio, en lugar del portero, al mismo signo… Y todo le hablaba de entusiasmo, de indignación, de ira… La mano con la pluma también parecía un signo de exclamación. Perekladin la tomó, la mojó en el tintero y firmó:
"¡¡¡Secretario colegiado Efim Perekladin!!!"
    Y, al colocar esos tres signos, se entusiasmó, se indignó, se alegró y ardió en ira.
- ¡Ahí tienes, ahí tienes! - balbuceó, presionando la pluma.
    El signo de fuego se sintió satisfecho y desapareció.

Antón Chéjov, Rusia, 1885

sábado, 26 de enero de 2013

146.- Micro Relatos. El Tiempo, Ilusión del Movimiento.

Lo malo de lo bueno es que se acaba, y viceversa, como todo en esta vida. Y ya estamos llegando al final de las entregas de las lecciones del magistral a la par que mítico y legendario Curso de Micro Relatos que se impartió en la Biblioteca Pública de Guadalajara (Castilla) en la primavera de 2011.
Una de las últimas lecciones se llamaba "Tiempo"


"Time" (The Dark Side of the Moon) Pink Floyd 



Casino

    Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.

Chejov
Cuadernos de Notas

"En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota o apunte que acabáis de leer. La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito. Contra lo previsible y convencional (jugar – perder – suicidarse) la intriga se plantea como una paradoja."

Inicio del artículo “Tesis sobre el cuento. 
Los 2 hilos: Análisis de las 2 historias"
 de Ricardo Piglia 

De nuevo los cuadernos de notas proporcionan un material excelente para futuros escritores, en este caso Ricardo Piglia selecciona este ejemplo del clásico ruso para desarrollar sus ideas sobre las 2 historias. Dice Piglia que en un relato siempre debe haber 2 historias, que en un principio pueden resultar incoherentes o paradójicas, pero que el relato se encarga de resolver o aglutinar.
Un esquema de acontecimientos que se suceden en contra de la lógica, y que se relatan sin justificar su porqué, produce intriga en el lector que necesita completar lo que el texto deja planteado.

Ejercicio: La propuesta es construir un relato sobre la base de “ALTERAR” el orden natural de los acontecimientos (esas relaciones causa–efecto que nunca nos habíamos cuestionado) Buscaremos combinaciones insólitas de acontecimientos y desarrollaremos después la que consideremos más fructífera, por ejemplo: un árbol que cuando se seca, comienza a dar frutos.


He de reconocer que ese día no estaba yo muy inspirado, pero a pesar de todo alteré el curso de dos situaciones cotidianas. Absurdum tremens habemus.


La Salud es lo primero

- He revisado todas las pruebas y está usted en un estado de salud envidiable.
El paciente se echa a llorar, apesadumbrado.
- ¡Quiero una segunda opinión!

© Rafael Martínez Sainero, Pirata 2011





Más vale borracho conocido que alcohólico anónimo

- Mi nombre es Wine Savin y soy alcohólico
- ¡Hola Wine! - dijeron todos, más o menos a la vez y con cierta desgana.
- Y como ya nos hemos presentado todos y no somos anónimos - continuó Savin - salgamos de este antro. Estáis todos invitados a una copa.

© Rafael Martínez SaineroPirata 2011






Consejos de almohada

    Aquella noche debía decidir si iba a abandonarla. Llegó a casa de madrugada y descubrió que su esposa se había quedado dormida en su lado de la cama. Se acostó en la mitad del colchón que no le correspondía. Echó de menos su almohada, gruesa y firme, gran consejera, y tuvo que pelearse con la de su mujer. Él amaneció temprano, dispuesto a ponerse el vestido rojo para la boda del sábado. Ella, extrañamente resuelta a huir con la joven amante que ignoraba tener.

Teresa Serván 
Por favor, sea breve 2. Antología de Micro Relatos” 
Editorial “Clara Obligado”.




La Carta

    Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.

Luis Mateo Díez 
Los Males Menores” 1993


Centrémonos en el relato titulado “Consejos de almohada”: 7 personajes: 2 almohadas, 2 humanos duplicados e invertidos y una joven amante. 3 espacios o escenarios temporales: La noche o la madrugada, la mañana del día siguiente y la boda del sábado. La concisión y el ritmo se consiguen trasmitir en buena medida gracias al intenso uso de los verbos: decidir, abandonar, descubrir, pelearse, amaneció temprano..., dispuesto a ponerse..., resuelta a huir...

El segundo relato “La Carta” sirve de contraste para comprobar cómo el contenido que se quiere transmitir condiciona la forma elegida, en particular la extensión de las frases y los verbos usados. Pero también nos permite ver coincidencias técnicas: El final sorpresivo hace al lector revisar el significado inicial del título.

Ejercicio: La propuesta es doble, comenzaremos por arruinar el ritmo del primer relato ("Consejos de Almohada"), utilizando otros verbos y alargando las frases con detalles innecesarios (por motivos de pereza o escrúpulos estéticos este ejercicio se puede realizar mentalmente o improvisarlo en voz alta)

La segunda propuesta es construir un relato vertiginoso, utilizando verbos intensos y frases cortas.


Como era de suponer, a mi la propuesta que me fascinaba era la primera:




Consejos de almohada 2  (El Tedio Narrativo)

    Sucedió un viernes... ¡No! espera... Miento: era sábado, ya que desde las doce “post meridian”, como dicen los hijos de la pérfida Albión, comienza a contar un nuevo día. 
    El hombre de la chaqueta de las solapas imposibles introdujo la llave en la cerradura y la giró. Abrió con cuidado la puerta, concentrándose en evitar que hiciera ruido, pero el chirriante y agudo “¡¡Ññññickkk!! que sonó en prácticamente todo el vecindario le dijo a las claras que su concentración no había servido para nada. Pensó entonces en anotar en la lista de la compra un botecillo de aceite lubricante para bisagras oxidadas. ¡Ah!, y matarratas para echar en la comida del perro canijo de su “parienta”. Como siempre, el jodido chucho se enzarzaba a dentelladas con los bajos del pantalón, entre gruñidos babeantes y una especie de agudos chillidos que él debe pensar que son ladridos. El tipo sacudió la pierna con energía y lanzó al mejor amigo del hombre contra la pared, con tan mala suerte que el pobre cánido dio de bruces contra la espantosa copia barata del “Miró” del pasillo. La canija bestezuela, ya en el suelo, al igual que la pintura, se lió a bocados con el lienzo y lo dejó echo unos zorros en un santiamén.
    Entró en el dormitorio y vio a su mujer durmiendo a pierna suelta. La muy “ceporra” ni se había enterado del escándalo. Sobre sus ronquidos ilegales, ya que sobrepasan día sí, día también, los decibelios permitidos por el Excelentísimo Ayuntamiento, permanecía suspendido e ingrávido un pedazo de tronco con un serrucho que, “de motu propio”, seccionaba lentamente la madera.
    Aquella noche era “la Noche”, en la que debía decidir si iba a abandonarla. Bueno, eso, si no le abandonaba ella antes cuando descubriera lo ocurrido con su flamante “Miró”, que a estas alturas debía de estar lleno de las meadas de Fifí. Se fijó con evidente disgusto en que su esposa se había quedado dormida en su lado de la cama. Intentó empujarla hacia su lado, pero los tiempos mozos en que era una firme promesa en el popular mundo de la Halterofilia ya se habían perdido en los anales de los tiempos. Así pues, con una severa contractura de cervicales y sudando como galeote en tormenta, se dio por vencido y se acostó en la mitad del colchón que no le correspondía. Echó de menos su almohada, gruesa y firme, gran consejera, de “gomaespuma”, no, miento, de látex forrado de “eskai” , y tuvo que pelearse con la de su mujer, fofa, blandurria (la almohada) bueno, y ella también. 
    Él amaneció temprano, dispuesto a ponerse el tanga nuevo que se había comprado ayer y el vestido rojo de organdí biselado para estrenar en la boda del sábado, no, miento, del domingo, la de la prima Rosamunda, la de Congostrina de Valderreboyos. 
    Ella, por su parte, se levantó con resaca, con una contractura cervical, con ganas de patear a Fifí y extrañamente resuelta a huir con la joven amante que ignoraba tener.

© Rafael Martínez SaineroPirata 2011
Sobre el texto homónimo de Teresa Serván 
Por favor, sea breve 2. Antología de Micro Relatos” 


Y este, se supone que es el relato "vertiginoso":





Cita Sangrienta

- No hay tiempo... No hay tiempo...
    Cercenó los miembros del cadáver y preparó las bolsas. Tenía que darse prisa o la poli le pillaría en plena faena. Él mismo la había llamado urgido por un deseo oculto. Aquel olor tan penetrante le sacaba de sus casillas... ¡Tenía que centrarse!
- Ya está aquí y aun no he etiquetado las bolsas – pensó - desde que salgo con esta chica policía, mis estudios forenses parecen chapuzas de casquero.

© Rafael Martínez SaineroPirata 2011




En una conferencia, Jorge Luis Borges comenta una parábola de Nathaniel Hawthorne que se titula “Earth´s Holocaust” donde se narra un momento en que los hombres, hartos de acumulaciones inútiles, deciden destruir el pasado. En el atardecer se reúnen gentes de todos los confines del mundo, hacen una gran hoguera “que alimentan con todas la genealogías, con todos los diplomas, todas las medallas, todas las órdenes, todas la ejecutorias, todos los escudos, todas las coronas, cetros, tiaras, púrpuras, doseles, tronos, todas las cartas de amor, banderas, artillerías, metales preciosos, guillotinas, constituciones, códigos, libros, sagradas escrituras...

Edmundo Valadez 
El libro de la Imaginación” 
Fondo de Cultura Económica. Méjico.


El texto de Hawthorne citado nos resulta valioso aunque la palabra “holocausto” tenga para el lector actual una carga significativa y emocional diferente al que pudo tener a mediados del siglo XIX. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua recoge tres acepciones: 

1.- Gran Matanza de Seres Humanos.
2.- Acto de Abnegación Total que se lleva a cabo por amor
3.- Entre los israelitas, sacrificio en que se quemaba a la víctima.

Este ejemplo nos presenta un elemento presente en numerosas culturas: El símbolo del fuego y su capacidad para limpiar o borrar el pasado a través de los objetos que lo representan. Por otro lado, la enumeración de los objetos es a la vez visual y llena de elementos representativos.



Ejercicio: La propuesta es mantener el elemento principal de la parábola: La destrucción del pasado, de todo el pasado de la tierra, o de un grupo de humanos, como en el relato, o del pasado personal. Podemos mantener la hoguera o algún otro sistema eficaz de “borrar” el tiempo o purificar el pasado. 




Borrando a Marta

    Fue borrando uno a uno todos los correos electrónicos de Marta. Y las cartas de papel, pocas, eso sí. También los regalos acabaron en la bolsa de la basura y las fotos fueron pasto del fuego purificador. Pero no conseguía borrarla del todo... quedaba el recuerdo... y la propia Marta. Era un callejón sin salida, pleno de dolor y resentimiento. Necesitaba extirparla de su corazón herido, de su mente torturada... 
    Cuando fue a buscarla a su casa para matarla, ella ya se había tirado por la ventana. La policía no le creyó. Ahora ella no se separa de su lado y le mira fijamente todas las noches desde una esquina de su celda. Hace sogas con jirones de sábanas y las deja a su lado... mientras le espera.

© Rafael Martínez SaineroPirata 2011
Guadalajara, Castilla. Mayo de 2011




Alzheimer

    No recordaba haber probado aquella comida en mi vida, a pesar de que la rubia tonta que me llamaba mamá decía que era mi plato favorito.
    Un viejo que tenía frente a mí me miraba con gesto triste. La rubia tonta le llamaba papá, pero solo había que mirar sus rostros para darse cuenta de que esa chica no era su hija. 
    Sin saber porqué, me sentí mal.


© Rafael Martínez SaineroPirata 2011
Guadalajara, Castilla. Mayo de 2011