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jueves, 9 de octubre de 2014

342.- Ana Mato da instrucciones para que incineren a las auxiliares de enfermería del Hospital Carlos III y da por finalizada la crísis de ébola en España

El primero en caer ha sido el chucho. La última será la ministra, ya verás.

"Give me novocaine" Green Day

Para el consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid es mucho más peligroso cualquier sanitario afiliado a un sindicato que el virus del ébola, que está seguro que moriría nada más entrar en el barrio de Salamanca de Madrid o en la Urbanización de La Moraleja. Por eso, ha pedido entre espumarajos bucales a la Ministra que ordene incinerar cualquier ser vivo (ya sea perro, perroflauta, anestesista, periodista, socialdemócrata, político con coleta o limpiadora rumana) o cualquier ente inanimado (ya sean protocolos, artículos de prensa, twitters o trajes de seguridad Nivel 2) que puedan perjudicar la imagen de su partido de cara a las próximas elecciones autonómicas. 

Yo he aprovechado la coyuntura informativa, el interés, la alarma social reinante y el maravilloso Curso de Relatos del "Club de Escritura" de Toño, para hacer un ejercicio con personajes estereotipados, a lo Quim Monzó... Me ha quedado un microrrelato chulo chulo... y con una gran carga de crítica, no creas...



La lista negra

La ministra que seguía los protocolos y el Consejero de Sanidad que linchaba auxiliares de enfermería quedaron en un despacho para hacer una lista con todos los profesionales médicos que criticaban sus gestiones públicas. Una lista tan oscura como sus almas, tan negra como las tarjetas bancarias que llenaban sus carteras. Mientras tanto, un virus mortal mutaba.

Rafael Martínez Sainero, Pirata.
En Guadalajara, Castilla, a 9 de octubre de 2014


Los chistes han proliferado de modo más rápido que la propagación de la enfermedad. 



¿Me estás diciendo que habéis encontrado la cura del ébola solo semanas después de que muriera el primer blanco?


Los memes surgen como zombis del cementerio... Las redecillas sociales se llenan de ocurrencias jocosas y Reverte pide que reviva el Capitán Alatriste y que rebane el pescuezo a la Ministra.

Victor dice:
España se enfrenta al ébola con su medicina pública de gestión pública... ¿Dónde están ahora las maravillas de la gestión privada?...

Espárrago dice:
- Doctor, doctor, creo que mi mujer tiene ébola.
- ¿Esputa?
- No, no. Trabaja en el metro.
- Ya... ¿Espectora?
No. Es taquillera... ¡Qué coño inspectora!

Arturo propone:
Propongo poner el perro en observación y sacrificar a la ministra. No hay color.

Parisi dice:
Sierra Leona empieza en los Pirineos.



Al loro con los churros chungos esos que venden en la OKTOBERFEST, clavaítos al virus del ébola.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

334.- DIVIÉRTETE CAMBIANDO LOS CUENTOS CLÁSICOS

Los tiempos cambian, ahora no pasa nada por despertar bellos durmientes de un beso en el capullo... de la rosa que
abraza sobre su níveo y depilado pecho. / "El porqué de las cosas" de Monzó


Desde el magnífico blog "Club de Escritura" (recomendado en esta modesta página virtual vuestra) Toño nos invita a conocer la obra de uno de los grandes: Quim Monzó. Para ello, no puede ponernos mejor aperitivo que el extraído del libro "El porqué de las cosas", una preciosa variación sobre el cuento clásico "La Bella Durmiente del Bosque", narración transmitida de generación en generación mediante tradición oral, y cuyas primeras versiones escritas debemos al italiano Juan Bautista Basile y al gabacho Carlos Perrault... Disfrutadlo, porfa:




El Vals de Aurora

La bella durmiente

    En medio de un claro, el caballero ve el cuerpo de la muchacha, que duerme sobre una litera hecha con ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores. Desmonta rápidamente y se arrodilla a su lado. Le coge una mano. Está fría. Tiene el rostro blanco como el de una muerta. Y los labios finos y amoratados. Consciente de su papel en la historia, el caballero la besa con dulzura. De inmediato la muchacha abre los ojos, unos ojos grandes, almendrados y oscuros, y lo mira: con una mirada de sorpresa que enseguida (una vez ha meditado quién es y dónde está y por qué está allí y quién será ese hombre que tiene al lado y que, supone, acaba de besarle) se tiñe de ternura. Los labios van perdiendo el tono morado y, una vez recobrado el rojo de la vida, se abren en una sonrisa. Tiene unos dientes bellísimos. El caballero no lamenta nada tener que casarse con ella, como estipula la tradición. Es más: ya se ve casado, siempre junto a ella, compartiéndolo todo, teniendo un primer hijo, luego una nena y por fin otro niño. Vivirán una vida feliz y envejecerán juntos. 




    Las mejillas de la muchacha han perdido la blancura de la muerte y ya son rosadas, sensuales, para morderlas. Él se incorpora y le alarga las manos, las dos, para que se coja a ellas y pueda levantarse. Y entonces, mientras (sin dejar de mirarlo a los ojos, enamorada) la muchacha (débil por todo el tiempo que ha pasado acostada) se incorpora gracias a la fuerza de los brazos masculinos, el caballero se da cuenta de que (unos veinte o treinta metros más allá, antes de que el claro dé paso al bosque) hay otra muchacha dormida, tan bella o más como la que acaba de despertar, igualmente acostada en una litera de ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores.

Quim Monzó
"El porqué de las cosas"

Impresionante fotografía retocada de la gran Annie Leibovitz, con Zak Efron en el papel de Príncipe.



Bueno, un estupendo relato ¿verdad? Tan real como la vida misma... 

Como el didáctico blog de Toño es en realidad un continuo y espléndido curso de microrrelatos, nos propone un primer ejercicio: Darle una vuelta o dos a cualquier cuento clásico. ¡Maravilloso! No he podido resistir la tentación y me he puesto a ello, oye... Claro que a mí no me ha quedado tan "fisno"como a Monzó. Espero que "sus" guste:



Juanito y las habichuelas mágicas

    Juanito regresó a casa muy contento y le contó a su madre que un señor le había cambiado la vaca por un puñado de habichuelas mágicas. Sintió entonces un tremendo golpe en la cabeza y cuando despertó, se encontró atado fuertemente a una silla. Su madre, despeinada y con los ojos desorbitados, estaba sentada frente a él, con un plato en la mano.

- Hijo mío - le dijo - He cocinado este rico plato de habichuelas "mágicas" para comérmelo delante de ti. Me ha costado caro... ¡Una vaca, ni más ni menos! Por cada judía que me coma, te daré una bofetada. Así aprenderás a no ser tan crédulo y estúpido.

    Juanito amaneció con la cara desfigurada a golpes. Frente a él, su madre estaba tendida en el suelo, sobre un charco de sangre e intestinos. De su desgarrado vientre, surgía un grueso tronco de árbol lleno de ramas que se perdía por encima del agujereado tejado.

© Rafael Martínez Sainero, Pirata 2014